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La terapia psicológica online por chat —o por escrito— cuenta con una eficacia terapéutica suficientemente demostrada, postulándose, en consecuencia, como uno de los procedimientos más adecuados para abordar gran parte de los problemas psicológicos que aparecen en la vida cotidiana.

Escribir para reorganizar

Estaríamos, por tanto, ante una modalidad de terapia tan efectiva como las sesiones presenciales o las videollamadas, contando, además, con una serie de herramientas y recursos propios. Entre algunas de las innumerables ventajas de la terapia por escrito, podríamos destacar las siguientes:

  • Discreción, privacidad, menor grado de exposición, intimidad y anonimato.
  • Apertura y desinhibición.
  • Niveles de concentración más elevados, favoreciendo la construcción de un relato más autorreflexivo.
  • Mayor pausa, posibilitando una mejor identificación de las conductas mantenedoras del malestar.
  • Moviliza una serie de recursos de la persona que favorecen la adopción de estrategias terapéuticas mejor enfocadas.
  • La escritura ayuda a tomar distancia, lo cual nos permite alcanzar una mayor claridad.
  • Facilidad para el seguimiento durante la terapia y una vez finalizada.

Decía el filósofo francés Gustave Thibon que escribía para explicarse lo que piensa; por su parte, Rousseau comentaba que su yo verdadero era diferente del yo que mostraba en la conversación con los demás, y que por ese motivo, requería de la escritura para comprenderse.

palabras que provoquen acciones

Puesto que somos seres esencialmente narrativos, en muchas ocasiones, la terapia por escrito ayuda a construir un relato más significativo de nuestros problemas, habilitando un espacio de análisis más realista que posibilita la adopción de estrategias funcionales encaminadas a reducir nuestro malestar y acercarnos a nuestros objetivos. Como bien sabemos, el bienestar psicológico depende, en gran medida, de cómo percibimos nuestra interacción con el entorno cercano, y de cómo interpretamos las historias que ocurren a nuestro alrededor, adquiriendo, muchas veces, una importancia decisiva la manera en la que nos contamos esas historias a nosotros mismos. En cierto modo, somos el resultado del significado que le damos a lo que nos ocurre, y ese relato, voluble, poroso y asediado de influencias, puede ser resignificado, es decir, pasar de una interpretación desadaptativa para nuestra experiencia vital, a una forma más adaptativa.

Escribir para reorganizar, escribe la poeta Chantal Maillard; a su vez, el dramaturgo Edward Albee afirmaba que escribía para saber de lo que estaba hablando, y es que, con mucha frecuencia, sola mediante la escritura y la función regulativa del lenguaje, podemos acercarnos con precisión, coherencia y profundidad a lo que nos ocurre. Esa propiedad regulativa de la escritura —frecuentemente desaprovechada—, redefine el autodiálogo modificando el funcionamiento psicológico, lo cual nos permite movilizar otro tipo de valores, habilidades, recursos y fortalezas de la persona, propiciando, directa e indirectamente, aproximaciones alternativas a la solución de sus problemas.

En definitiva, estaríamos ante una modalidad de terapia rigurosa que, además, puede ajustarse a las características únicas y a las necesidades de cada persona, constituyéndose como un método personalizable y flexible para detectar y corregir las conductas, emociones y cogniciones problemáticas que reducen nuestra calidad de vida.

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